El mar humano inunda el verde cesped, aquel cuya dicha fue albergar a los idolos , esos nombres que daran motivo a los libros y le otorgarán la vida a los hinchas . Un momento sagrado que se encasilla en lo profundo de los corazones, aquellos cuyos latidos , como campanadas en una noche navideña , gritán a viva voz y se funden en un abrazo interminable.
Por vez primera el Wolfsburg grita campeón , bien dicen que la primera nunca se olvida , aunque puede la memoria ser tirana y jugar una mala pasada , dejando en el cofre de los recuerdos a los Grafite , Dzeko o Misimovic.
El orquestador un tal Felix Magath, con un elastico Diego Benaglio bajo los tres palos , un suizo con sabor latino , tentado hoy por los grandes , y quien dice que el Wolfsburg no lo es o puede serlo.
El gladiador Josue en el medio , si , no se equivocán , aquel que junto a Mineiro hicieron del San Pablo el mejor equipo de America. El bosnio Zvejdan Misimovic con la magia bajo sus botas , siempre con la chistera lista para sacar un conejo .
El soldado Edin Dzeko adelante , hijo del anonimato . Se alimenta de goles, para el no son amores , son muy buenas razones , y estas parecén llevarlo al Manchester United. El italiano Christian Zaccardo fue una sombra para quienes lo admiramos , y dicha pleitesia rendida al ex jugador del Palermo , fluyo , y llego a los dominios del eslovaco Peter Pekarik , que de la mano de Santa Claus , llego en diciembre , felices pascuas y feliz año nuevo . Y vaya si lo fue.
Cual bandada de palomas que cubrén el celeste cielo , la gente despavorida festeja , algunos se mirán y no lo creén , otros llorán y no lo entienden ; Dios mio , tanto nadar y no solo llegaron a la playa , sino que alcanzaron la gloria .



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