Ha pasado el tiempo y entre tanto Ronaldo y tanto Messi, no me imaginó hablar de individualismos sin antes recordar a los grandes, a los que hicieron cosas inverosímiles y que el tiempo se ha encargado de hacernos soslayar. Novias de “Lio” las hay a borbotones, así como súbditos de Cristiano, yo recuerdo y creo que Guardiola también, a un fino y elegante montenegrino que en una final de Copa de Europa destrozó las huestes barcelonistas y corroboró lo que en Italia se decía: “Il Genio Savicevic”.
Dejan Savicevic fue un miembro aventajado de la famosa generación perdida del fútbol yugoslavo. Maldita guerra que destruyo el sueño de muchos y quebró la oportunidad de ver en un campo de juego a los Jugovic, Pancev, Boksic, Stojkovic y Prosinecki. Todos juntos, sin odios ni divisiones, unidos para siempre por un balón, por un juego, por algo tan simple y tan complejo a la vez, el fútbol.

Campeón de Europa y del mundo con el Estrella Roja de Belgrado (1991), dueño de las sibaritas más admiradas del planeta y compositor de las melodías aun añoradas en Milan y muy recordadas por Capello, Cruyff y los eruditos de este deporte. No conformándose con esto, el mágico zurdo fue pieza fundamental del rossonero que barrió en Atenas al “Dream Team” azulgrana (1994), prolongando la estela de su leyenda y culminando con la fiebre barcelonista que dominaba el viejo mundo.
La edad no perdona y las lesiones condenan. Dejan terminó su periplo al norte de Italia y trasladó su opera a Viena. El músico balcánico cumplía al fin su destino, ser el monarca europeo y jugar un Mundial.
Hoy me pregunto: ¿Me invade la nostalgia o se impone la ignorancia?
0 comentarios :
Publicar un comentario