Lo buscan
y él lo
sabe. Quién lo diría, perdió
la final de
una Copa Sudamericana
pero conquisto el
fútbol europeo. Manuel Pellegrini
no deja de
sorprender. Hizo lo que
hizo en el
Villareal, cumplió con el
Madrid, y transformó al
Málaga. Ahora viene el City,
aceptará lo que
ya es un
secreto a voces.
La oferta
está allí, nadie se
atreve a negarlo, pero
lo cierto es que
ni el mismo
Pellegrini sabe cuál
será su futuro. Desde
Manchester el Txiki
Beguiristain hace lo
posible por la
llegada del chileno, pero
los deseos del español nada tienen que
ver con los
gustos del dueño
del City el
jeque Sulaiman Al-Fahim.
Por otro
lado, tal vez sea
arriesgado interrumpir el
proceso de Roberto Mancini, aunque la
discreta temporada, que no
puede ser maquillada
por la Copa
F.A, llegue a ser
un golpe en el
calcañar que termine
con los sueños
del técnico italiano.
La desequilibrada economía
que impera en la Rosaleda, el
poder financiero de los ciudadanos y
las interminables conversaciones de
ambas partes. Todo se
conjuga para que
el estratega sudamericano
aterrice en otro
grande, pero como lo
dijo en su
etapa madrileña: “Cuando hay
una diferencia con el presidente
el que se
va es el
entrenador”. No fue incapacidad
sino mala suerte.
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