En estas
tierras no había señal de cable ni
internet en los
hogares. La crisis era
tremenda y la
incertidumbre era mayor. Claudio Caniggia
iba a estar
ausente en la
final, y Maradona, sí, aquel Maradona
no se escondía
y esbozaba algunos
improperios contra la
fanaticada italiana. Así con
todo, esa Argentina tenía
más posibilidades de
ganar el Mundial que
esta.
No me
gustó el Mundial. Primero por
las protestas del
pueblo brasileño. Tenían razón, hay
cosas más importantes que el
fútbol. En segundo lugar
porque no es
que el balompié
Mundial se haya
igualado, sino que las
circunstancias han hecho
que algunos evolucionen
y otros involucionen. Brasil ya
no cuenta con
tantos jugadores desequilibrantes. España ha
visto como el
tiempo le ha
ganado la partida
a sus grandes
solistas. Y Argentina sigue
con su insulso
plan de buscar
el reemplazante de
Maradona y de
creer que Messi
es un Dios. Para
comenzar, un Dios no
se esconde como
sucedió hoy frente
a Holanda. La ley
de Bosman y
el monopolio económico
ejercido por los
gigantes del viejo
continente han hecho
que los modestos
busquen estrellas en
países sin tradición
futbolera. Allí encontraron a
un Keylor Navas, a
un James Rodríguez
o a un Joel
Campbell.
Bueno, debemos mencionar
también que los tentáculos
de
la FIFA ahora
se muestran con
mayor descaro. Porque está
claro que prepararon
un torneo donde
Brasil y Argentina
deberían llegar a
la final. Lástima por
ellos, porque Alemania tenía
otras cosas en
mente. Hoy el miedo
fue presa de
albicelestes y naranjas. No había
un Batistuta o
un Bergkamp, ni siquiera
un Kempes o
un Nanninga para extender las
cosas con la
emoción que debe
tener una semifinal. Y mientras
los argentinos dan la vuelta
olímpica los brasileños
no se explican
que paso contra
esos “troncos” teutones. Y eso
que Brasil desde
hace buen tiempo
tiene la hegemonía
en la Copa
Libertadores. Como para pensar
en qué nivel
estamos.
La Copa
Mundial es un
fiasco porque los
que confeccionan el
torneo anteponen los
intereses al fútbol. Acaso no
es verdad que
la UEFA busca
desde hace unos
años que el
Real Madrid y
Barcelona sean los
protagonistas de la
final de la
Champions. Acaso no es
verdad que un árbitro le
ayudo a Brasil
a derrotar a
Croacia o que
Argentina no tuvo
rivales de fuste
en su camino
hacia la final. Prefiero quedar
eliminado contra un
Alemania o un
sagaz Holanda antes de campeonar
porque a los
de arriba se
les dio la
gana de hacérmela fácil.
Porque el triunfo se consigue enlazando verdaderas batallas y no mezquinando por culpa del miedo. Mil disculpas al trabajo alemán, ya que ellos no tienen la responsabilidad de coincidir con esta vergüenza que ha sido la Copa Mundial. Y que los hinchas se emocionen no tiene nada que ver con la sensatez para reconocer algo que no está bien. La final aguarda, y como en el 90, no me sorprendería que un penal defina todo. Lo peor sería que fuera un cobro dudoso como sucedió hace ya 24 largos años.
0 comentarios :
Publicar un comentario