El vamos River Plate suena y suena. Ponzio y su facilidad
para leer la jugada y cortar. El “Pochi” Chávez menguado físicamente, y Teo,
siempre Teo, sacando oro de un movimiento hacia afuera.
Las incontables banderas dominan la escenografía y Fernando
Niembro intenta con cada comentario detallar las debilidades de un Boca
vertical, pero sin ideas. A estas alturas (77 min) parece que Carlos Sánchez ha
agotado todo su combustible. Todo lo contrario a un Teo Gutiérrez que se mueve
por todo el frente de ataque y toca con criterio, mejor dicho, asiste a sus
compañeros que despilfarran la sentencia del partido. El penal cobrado al
iniciar el cotejo es parte del olvido, sin embargo, tendrá injerencia en el
resultado final. Gago se retiró lesionado y Arruabarrena vio cómo su andamiaje
se resumía a las ganas por ir adelante. El chileno Fuenzalida no fue solución y
hasta tuvo que ser reemplazado por el deteriorado Chávez. Funes Mori ganando
por arriba, Mercado reventando por la derecha y Rodrigo Mora, sin la fineza de
Teo, pero luchando todas las divididas con la defensa xeneize.
Punto aparte para la función de Leo Ponzio. Debo reconocer
que me quedé con la imagen del jugador que destacó en el Zaragoza y no me he
dado cuenta de cómo ha crecido como recuperador en el medio rojiblanco. Pisculichi
también hizo lo suyo, acompañando, peleando y anotando. Carrizo no pudo con
Vangioni, que junto a Rojas demostró que no le temen al cuerpo a cuerpo.
Nada de nada. Boca Juniors ha dejado en claro que es inferior
a River, peor aún, dejo sentado que hombre por hombre, este boquense
resucitado, es menos que el equipo de la banda. River es finalista de la Copa
Sudamericana y mientras algunos lloran en las tribunas los perdedores intentan
desquitarse con un desubicado hincha local. River ya no será invicto y tal vez
el título de liga esté en peligro, pero no podemos negar que su temporada ha
sido de ensueño y que coronarlo con dos trofeos sería cumplir con una historia
impensada.
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