Ya se había anunciado hace
algunos días, es más, ya se había rumoreado en plena Copa América. Radamel
Falcao vuelve demasiado pronto a Inglaterra, y nada más y nada menos que al
último campeón de liga. El Chelsea con el tigre han firmado un matrimonio que busca un beneficio
en común, alcanzar la cotizada Champions League.
Las decisiones se toman en
cuestión de segundos y si acertaste o fallaste tienes que asumir la
responsabilidad. Salir del Atlético, económicamente hablando, fue inteligente,
pero si lo vemos desde el punto de vista futbolístico, todo lo que vino después
fueron obstáculos tras obstáculos, y finalmente, una lesión que al parecer
tiene a Falcao en un estado aletargado y
convaleciente. El Mónaco no lo ve ya como una opción. Es costoso y no está en
su mejor nivel. El Manchester United no pudo devolverle la regularidad que
necesitaba, y para colmo, la selección cafetera fue eliminada tempranamente de
la Copa América.
Los condimentos no han sido
los adecuados para el renacimiento del ariete sudamericano. Todavía se añoran
esas tardes donde cada remate era un gol fijo o cada desmarque era una
posibilidad para ponerse en ventaja. Pero la actualidad demanda algo diferente.
Por un lado está su estatus de goleador y de costoso y por el otro tenemos a un
jugador cuya rehabilitación ha sido optima, aunque no lo suficientemente
perfecta como para devolverle la efectividad de antaño.
La nueve lo espera en
Londres, y todo indica que la suplencia también es un rostro que lo mira
fijamente. Para nadie es un secreto que Diego Costa tiene la primera opción,
sin embargo, las lesiones del hispano brasileño pueden jugar a favor del
colombiano, que a estas alturas observa como las grandes puertas se le ofrecen
de par en par, pero el futuro sigue tan incierto como meses antes de la cita
mundialista.
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