Las eliminatorias son como una vieja costumbre para el Perú. Empatar, perder o en su defecto conseguir un triunfo que mantenga la esperanza por clasificar. Es imposible ir a un Mundial sin argumentos, pero al parecer eso no importa cuando el aficionado nacional se dispone a ver a su selección.
Nuestra idiosincrasia
nos traiciona. Tenemos jugadores que más se destacan por sus relaciones
interpersonales que por su juego. No podemos negar que Jefferson Farfán es un
buen jugador, aunque también es imposible esconder que el ex centrocampista del
Schalke 04 últimamente es más conocido por sus devaneos sentimentales que por
lo que hace sobre el césped. Este es solo una perla. Debe ser difícil para
Ricardo Gareca formar el combinado nacional cuando solo puedes contar con
algunos jugadores que militan en el exterior, y otros de fama incipiente en la
modesta liga local. Tenemos jugadores que no viven su mejor momento y otros
como es el caso de Claudio Pizarro (Werder Bremen) que atraviesan el ocaso de
su carrera. Ayer vimos a un Perú con ganas de ganar, aunque a este nivel el
empuje es solo una parte de lo que se necesita para clasificar. Nuestra defensa
se vio endeble, con un Carlos Ascues (Wolfsburg) muy titubeante y con un Luis
Advincula (Newell’s Old Boys) y Juan Vargas (Betis) sufriendo mucho contra Rómulo
Otero (Huachipato) y Juan Pablo Añor (Málaga), estos últimos muy escurridizos
en el mano a mano y que volvieron a demostrar que los laterales incaicos atacan
mejor que lo que defienden.
Presión constante a
Josemir Ballon y a Renato Tapia (Feyenoord) por parte de Tomás Rincón (Genova),
mientras que Oswaldo Vizcarrondo (Nantes) chocaba y chocaba a Paolo Guerrero
(Flamengo). Después de un inicio positivo para el cuadro local la vinotinto
empezó a salir un poco más y a presionar arriba aprovechando la potencia de José
Salomón Rondón (West Bromwich). Fue un primer tiempo favorable al cuadro
visitante el cual se extendió hasta la segunda parte. Los goles fueron una prueba
de lo sucedido en el campo. Dos a cero y los cambios no tardaron en llegar para
los dirigidos por Gareca. Carlos Lobatón (S.Cristal) ingresó para tratar de
organizar y darle salida limpia al equipo, mientras que Edison Flores con Raúl
Ruidíaz le dieron velocidad y frescura a un ataque que mostraba la falta de
fútbol de Farfán y la pesadez de Pizarro.
Las tribunas silenciosas y por momentos quejonas. Gol de Ruidíaz en los descuentos y empate agónico. No sirve de nada, sin embargo, se gritó como nunca. Estamos eliminados y creo que lo estábamos desde antes. No tenemos un universo de jugadores apropiado y aparte que nuestra sociedad, venida a menos, no se caracteriza por tomar las cosas con seriedad. La fidelidad del fanático es ciega, pero nuestra inteligencia no puede ser estúpida.
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