En los juegos olímpicos
de 1996 había una selección que gozaba de todo el favoritismo para llevarse la
presea dorada y esta era Brasil. No había dudas, la canarinha tenía un equipo
plagado de estrellas desde un experimentado Bebeto formando un dúo atacante
junto al ‘fenómeno’ Ronaldo (Barcelona), hasta un Roberto Carlos, en ese
momento ya jugador del Real Madrid. El desequilibrante Juninho Paulista
(Middlesbrugh) era el enlace y Flavio Conceicao (Deportivo) se encargaba de la
contención. A ello hay que sumarle a Rivaldo (Deportivo) en la banca y al
genial André Cruz (Napoli), liderando la zaga junto al inacabable Aldair
(Roma). Por el lado de Nigeria tampoco tenía que envidiarles nada a los
cariocas, pero era notable que su plantilla no se comparaba a las figuras
brasileñas.
Con esta realidad los
dirigidos por Jo Bonfrere buscaban ganarle primero a Brasil y después verse las
caras con Argentina, otro equipo que tenía una plantilla muy potente. Nigeria
la tuvo cuesta arriba porque ante los auriverdes empezaron con el marcador en
contra y si a ello le sumamos su estilo que jugaba y dejaba jugar, podíamos
pensar que Ronaldo con un arranque o el propio Juninho con una jugada
individual terminarían por definir el partido. Una línea de cuatro defensores
donde Taribo West (Auxerre) empezaba a destacar con sus coberturas precisas. La corpulencia de Uche Okechukwu (Fenerbahce) embistiendo
a la delantera brasileña y con un Celestine Babayaro (Anderlecht) por la
izquierda y Mobi Oparaku (Turnhout) sobre la derecha subiendo y siendo opciones
de pase. Garba Lawal (Esperance) tratando de hacer los relevos y el quimboso
Jay Jay Okocha (Fenerbahce) pidiendo el balón para conducir a las ‘águilas’.
El juego de Nigeria era sencillo
y hasta simple se podría decir. Okocha la pedía, si estaba tapado Nwankwo Kanu
(Ajax) se recogía un poco para recibir y descargar hacia las bandas, por lo
general el pase era para Enmanuel Amunike (Sporting Lisboa) y este encaraba
insinuando la diagonal, paralelamente la subida rápida de Babayaro. Daniel
Amokachi (Besiktas) se movía por todo el frente de ataque haciendo gala de su
velocidad y potencia. Tijani Babangida (Roda) sobre la derecha también
proponiendo el juego de pared y el desmarque. Nigeria dejaba jugar, pero cuando
tenía la posesión del balón hacía daño gracias a la técnica de sus jugadores y
que técnica la que exponía esta generación nigeriana. Okocha la pisaba y
distribuía, Kanu amagaba y descargaba, mientras que Garba Lawal parecía estar
fuera de foco ya que si hacemos memoria él jugaba como extremo, así lo
conocimos en el Roda, pero en este equipo era volante de contención.
Acabado el primer tiempo
el marcador señalaba 3 a 1 favorable a los sudamericanos y al comenzar la
segunda etapa le anulan un gol a Ronaldo por posición adelantada y se pierde
una magnifica posibilidad tras eludir al arquero nigeriano y rematar a un
costado del arco. Nigeria mejoró en la presión a la salida brasileña y empezó a
recuperar el esférico cerca a la portería de Dida, esto propicio un penal en
contra de Amokachi que fue marrado por los africanos. Con estos datos era
normal pensar en que Brasil estaba a un paso de eliminar a las ‘águilas
verdes’. Ingresó Rivaldo y Nigeria empezaba a mostrar desesperación. Teslim
Fatusi () sustituyó a Babangida y Bonfrede agotaba sus cartas en busca del
descuento. Nigeria estaba jugado, un equipo partido que con corazón iba hacía
adelante. West recupera un balón y lo sirve para Kanu, pase a Amokachi y
descarga para Victor Ikpeba (Mónaco) que con un remate bajo marcó el segundo
gol africano. Y cuando todo parecía consumado una seríe de rebotes en el área
brasileña tras un saque lateral le permitió a Nwankwo Kanu realizar una
genialidad en un espacio reducido para que batir a Dida y marcar el empate a
tres goles.
El inicio del
suplementario fue solo una amague de Brasil por intentar atacar y a la vez
dejando jugar y una Nigeria moviendo el balón de lado a lado aprovechando la
técnica de sus jugadores. Finalmente, un pase profundo que pegó en la espalda
de Ikpeba le quedó a Kanu que con un magnifico enganche dejo fuera de sitio a
Aldair y André Cruz para definir con un remate cruzado de izquierda, marcando
el gol de oro y la clasificación nigeriana. Queda en la retina el gesto quejumbroso
de Bebeto y a los nigerianos riendo sin cesar. Eran otros tiempos cuando las
águilas volaban alto y nadie podía alcanzarlos.
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