miércoles, 14 de marzo de 2012

Gracias Drogba

Potente, criterioso, mañoso, inquieto y con olfato. No concibo la emoción como parte de mi existencia, pero debo reconocer que cada cierto tiempo me invade la incoherencia. El Chelsea ha clasificado jugando tan mal que deseé por un momento que no avanzara, sin embargo, entre tanto enraizamiento e infatigable despliegue, como negarle tanto a alguien que es parte de una estirpe que no conoce de luchas, sino que solo sirve para las guerras.


Color ébano y pelaje imperturbable. Por los aires o miembro honorable de la fantasía, Didier Drogba calló a los que pensaban que después de Weah, nadie. El marfileño evoca el bullicioso cantar de los incansables, de aquellos que pueden eliminar a un Liverpool en semifinales (2008) o pueden obsequiar una F.A sin titubeo alguno. Bregadores que pueden zambullirse e iniciar la remontada. Que presas del cansancio pueden sacarse algo de la galera y asistir para terminar el trabajo. De hombres que gritan los triunfos y muerden las derrotas, de futbolistas que no son reyes pero que también juegan.





Delanteros que no necesitan promocionar nada para el cabello, ni compararse a los más grandes, porque los grandes no lo dicen, ellos solo lo hacen. Goleadores que no necesitan el balón de oro ya que eso no prueba nada. Artilleros que hacen del racismo un pecado capital y del dinero un accesorio de este maravilloso deporte.

Gracias Drogba por mostrarme la equivocación en la que he vivido. Por mostrarme que se puede sufrir y se puede gozar, que se puede luchar y se puede ganar, que el corazón es el que bombea nuestros animos y el alma es la que guía nuestras ansias.

Gracias africano, gracias fútbol.

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