No se
necesita de dioses
cuando existe un
colectivo. Compacto, paciente y con
la suficiente capacidad
para anular al
rival y salir
con la complejidad
que requiere el
hacer daño. Ayer fueron
Gabelo Conejo y Paulo Cesar Wanchope,
hoy los
héroes son otros
y el presente
es real.
Jorge Luis
Pinto hace de
la disciplina una
forma de vida. Inquebrantable ha
dotado a Costa
Rica de un
estilo donde se le da
una mayor cabida
a la solidaridad y
no al individualismo. La clave
ha sido hacerle
entender al grupo
que las estrellas
no pueden existir
y que todos deben aportar
para formar una
oncena que trabaje
en bloque.
De esta
forma llegamos al 1 –
3 – 5 – 1 – 1, donde la experiencia
de los legionarios
es importante para
guiar a los
pocos que todavía
continúan disputando el
torneo local. Uno de
los mejores arqueros
del fútbol español
para defender la
portería. Keylor Navas ha
tenido actuaciones memorables
con el Levante. Óscar Duarte
del Brujas belga
para liderar una
defensa que conoce
de la anticipación
y de laborar
en línea cuando
las circunstancias lo
soliciten. Junior Díaz viene
demostrando que para
jugar en el
Mainz de Alemania
hay que luchar
hasta la extenuación.
Una telaraña en el medio compuesta por
Celso Borges (AIK Estocolmo) y
Christian Bolaños, que increíblemente no
tiene club tras
haber culminado su vínculo
con
el Copenhague. Adelante Bryan Ruiz ha
dejado de lado
el protagonismo por
el despliegue y la pausa, sin
olvidarnos de su
aporte para el
apoyo al solitario
Joel Campbell.
Sin fisuras
y con apetito. Costa Rica
tiene salida limpia y
es temible en
el juego aéreo. Es ordenado
y físicamente se
ha mostrado entero. Recuerdo a
un Jorge Luis
Pinto celebrando en
Talara. Han pasado los años y
pese a que
el bigote ha
desaparecido sigue siendo
el mismo técnico
que por su
disciplina dejo tierras
peruanas.
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