Debe ser
complicado querer algo y no
poder conseguirlo. Imagino a Sabella pedir
el juego por
fuera y que
se dé cuenta
que no tiene
las armas para
hacerlo. Que reclame por
la excesiva elaboración
y ver que
por naturaleza los
suyos no pueden
quitarse ese estigma.
Marcos Rojo
sube y cuando
la línea final
lo aguarda saca
un centro defectuoso. Messi engancha
una y otra
vez, y trata de
buscar el perfil
para su remate. Contra Irán
puede resultar, pero contra
otra selección más
poderosa se dará
esta situación. Zabaleta se
suma y cuando
levanta la mirada
no tiene a
quien servir el
centro aéreo. Mascherano y
Gago no tienen
llegada y tampoco
remate desde fuera
del área. Por otro
lado tampoco pueden
abandonar su puesto
porque sería un
suicidio dejar al
rival mano a
mano frente a
la última línea
albiceleste.
Ayudándolos les
hacen daño a
los argentinos. Grupos iniciales, relativamente fáciles,
que no exigen
ni muestran los
defectos de un
seleccionado que no
tiene proceso y
que se basa
en sus individualidades. De Bielsa
a Pekermán, de
Maradona a Batista
y por último Sabella. Alguien me
puede decir cuál
es el motivo
para tantos cambios. Y si
Argentina no gana
el Mundial estaremos
hablando del “cholo”
Simeone. Entonces, podemos
afirmar que la AFA
o Julio Grondona
han perdido la brújula
y
que todo se
resume a que
las estrellas hagan
lo suyo. Hoy el
llamado salvador es
Messi, mientras que ayer
lo fueron los
Ortega, Batistuta y Aimar.
La historia
de siempre y
el camino conocido. La evidencia
es clara y
solo el triunfo
cambiará el concepto
de lo vivido
las últimas décadas. Argentina depende
de Messi y
de las circunstancias del
juego. Ojala y hoy
no hayamos visto
una página de
la fortuna deseada, porque mejor hubiera
sido guardarla para la final
del mundial.
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