Rotación constante
del balón y
esperar hilvanar una jugada
que genere el
aplauso. No existen laterales
y siempre hay
que buscar filtrarla
por el centro. Estamos ante
un enfermo que
agoniza. Nos encontramos ante
una España que
ve su estilo
quedar en el
olvido.
El Tiki
Taka en su
máxima expresión aunque
con 4 años
más sobre las
piernas. Daba la impresión
que veíamos a
un equipo de
los 70 frente
a uno cuya
modernidad le permite
correr a 100
por hora. Todo es
muy simple, Holanda esperaba
y presionaba, robaba y
despegaba.
No hay
más secretos. Diego Costa
no se iba
a recoger un
poco para tocar, a
él tienen que
alimentarlo. La mayoría sabía
que el juego
partiría de los
pies de Xabi
Alonso así que
tenían que estorbarlo. Y
cuando Del Bosque
decide prescindir del
ex jugador del
Liverpool todo quedo
en manos del
teatral, pero solitario Sergio
Busquets.
Era penoso
ver como Casillas
se arrastraba impotente
ante jugadores que
hacían ver a
Sergio Ramos, el héroe
de la Champions, como un
defensor tan parsimonioso
y desesperado. Ningún remate
desde fuera del
área, tal como lo
habíamos pronosticado. Los bufones
eran precisamente eso, motivos
de risa que
un superior aprovechaba
para explotar los
metros por delante
y mostrarle al
mundo que el
fútbol del campeón
Mundial es obsoleto
y soso.
España buscará
la recuperación ante
un Chile que
debe ser inteligente
y jugar con
la ansiedad hispana. Se
verán cambios, seguramente,
y aquellos que
lo miraran desde afuera
perderán la confianza
adquirida. Porque ser campeón
del planeta te
da confianza y
acrecienta tu ego, pero
goleadas como las de ayer
te pueden hacer
pensar que todo
tiene un inicio,
e infortunadamente, también un final.
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