No me
gusta halagar a
quien no escucha
o en este
caso al que no lee. No
considero la muerte
como un motivo
necesario para reconocer
una trayectoria o
las grandes cosas
que alguien pudo
haber hecho en
vida. Alfredo Di Stéfano
ha fallecido y fuera de
los elogios podemos
coincidir que ha
partido uno de
los grandes del fútbol mundial.
Que puedo
decir si ya
lo dijeron todo. Que fue
ídolo de River
y ganó 4
torneos con el
Millonarios. Que consiguió 5
Copas de Europa
y 8 ligas
con el Real
Madrid. Porque Don Alfredo
fue parte de
una oncena de
lujo que se
construyó año a
año y que
supo vencer a los franceses
del Stade Reims
y un Raymond
Kopa que después
sucumbió a las
tentaciones madrileñas. Que se
impuso a un
Milan que tenía
en Grillo y
Schiaffino a dos
maestros que también
pueden hablar de
hazañas balompédicas. Sin olvidarnos
por supuesto del genial
Nils Liedholm.
Y entre
esa mezcla de
argentino, español, italiano (Padre), y
francés (Madre), resaltamos
a un jugador
de todo el
campo, que nunca se
escondía y que
tuvo la oportunidad, porque la suerte
la tienen los
mediocres, de ser parte de
un conjunto que
reunía fantasía y
compromiso. Porque un tal
Santiago Bernabéu fue
y negoció con
los colombianos, mientras que
en su natal
Argentina los blaugranas
habían llegado a
un acuerdo con los otros “millonarios”.
Nada importaba, ni dictaduras, ni berrinches. Y a
lo que los
barcelonistas renunciaron,
los madridistas admiraron.
No importa
que nunca disputó
un Mundial. Qué más
da, al final él
puede decir que
defendió 3 selecciones
y que Chile
fue quien más
lo lamento. Contra todo
organizaron una Copa
del Mundo donde
el nuevo Rey, un
tal Pelé, y una
Saeta rubia, un tal Di
Stéfano, solo fueron turistas.
Nadie imagina
lo que el
fútbol puede producir, aunque el
destino, caprichoso como él
solo, también de vez
en cuando se
encarga de preparar
todo a la
perfección. Hace poco el
Madrid, su Madrid, consiguió la
décima, y hoy, a puertas de que Argentina alcance
una final mundialista, tal y
como lo quiso
la muerte el
incomparable Don Alfredo
no podrá disfrutarlo. Porque Di Stéfano no fue argentino, ni español, fue Mundial; e irónicamente eso es algo que la vida no pudo evitar.
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