La
colonización futbolística está
en camino. Antes fue
el Swansea y
el Olympiakos, y hoy, otro
de los grandes, el
Porto se enlista
en la corriente
española que pese
al fracaso mundialista
no ha perdido
admiración en el primer mundo.
El ejercicio 2013 - 2014
no se presentaba
agradable para un
Porto que veía
como su técnico
Vítor Pereira se
marchaba al fútbol
árabe, y si a
esto se añadía
que en unas
semanas el Mónaco
se llevaba a
James Rodríguez y
a Joao Moutinho, nos
hallábamos ante un
equipo sin el
conductor y sin
su columna vertebral. Había que
actuar rápido y la primera
opción era Paulo
Fonseca. Inmediatamente se comenzó
con la reconstrucción del
equipo. Primero se ubicó
a Fernando como
pívot defensivo y al
argentino Lucho Gonzales
en función mixta, pero
para mala suerte
el nivel mostrado
por el belga
Stefan Defour , el mexicano
Héctor Herrera y
el colombiano Juan
Quintero no fue
el adecuado para
un mediocampo que
adolecía de los
suficientes dotes ofensivos
para alimentar a
un huérfano Jackson
Martínez.
Sin Copa y sin liga, y viendo
como el Benfica
retomaba el dominio
en Portugal, era hora de la
revolución y el
momento de adoptar
decisiones que afecten
al futuro inmediato
y a la
historia venidera del
club blanquiazul.
Defenestrado Fonseca había
que buscar un
nuevo conductor y
este se ofrecía
en España, tierra del
toque dúctil y
del juego complejo. Julen Lopetegui
tenía como última
referencia su trabajo
en la sub
21 hispana, es decir, un
entrenador que ha
ido quemando etapas
y que construye
de la nada
o de muy
poco. Inferiores del Madrid
y presentador de
televisión, el ex Real
Sociedad conoce del
potencial español en
categorías menores y
no ha dudado
de rodearse de viejos pupilos
cuya carrera está
comenzando o se
muestra sin oportunidades.
La
españolización del Porto
Hay que ser
claros y concisos. Lopetegui no
ha venido de
paseo y sabe
que debe confiar
el equipo en
gente que conoce. Para
ello se ha
fichado a Cristian
Tello, cedido por el
Barcelona y a
Oliver Torres y
Adrián López, ambos proveniente
del Atlético de
Madrid. Pero no todo
han sido llegadas,
puesto que los
cazadores europeos no
han tenido piedad
a la hora
de saquear el
vestuario blanquiazul. Es así
que Fernando y
el prometedor Eliaquim
Mangala se fueron
al Manchester City, y
el senegalés Abdoulaye
Ba acabo recayendo
en el Rayo
Vallecano. El argelino Nabel
Ghilas continua pese
a su irregularidad
y su compatriota
Yacine Brahimi fue
arrancado finalmente del
Granada. A ellos hay
que sumarle al
madridista Casemiro que
tiene la misión
de reemplazar a
Fernando, al holandés Bruno
Martins Indi que
junto al ghanés
Daniel Opare tiene
que hacer olvidar
a Mangala, y el
también español Andrés
Fernández que debe
ser una competencia
de cuidado para
el experimentado Helton.
Lopetegui ha traído
nuevos aires a
un conjunto que
no puede estar
a la deriva, y
peor aún, que no
se permite ver
a su acérrimo
rival reinando en sus dominios. La
Champions será una
manera de competir
pensando en el
futuro, pero la liga
es casi una
obligación para quienes
han ganado 9
de los últimos
14 campeonatos jugados. Los
viejos laureles traen
buenos recuerdos, pero eliminan
los dulces presentes.
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