Las moscas retumbaban en los
oídos del fanático, dando muestras de esa envidia negada que hace que de reojo
mires y critiques. Kinshasa o Leopoldville. Y no hablo de Mabutu, ni de Foreman
o de Muhammad Ali. Hablo de una tierra colonizada. De una tierra que vio nacer a
Christian Benteke, de una tierra que también vio nacer al VIH.
Los contrastes y
comparaciones son injustos, porque estamos para hablar de un goleador africano
con formación europea, y a la vez ponemos sobre la mesa la vida y obra de Roberto
Firmino, que llego a la Bundesliga por 4 millones de euros y partió de ella por
40. Negocio redondo para el Hoffenheim y apuesta incierta para el Liverpool.
Sumando la ficha de ambos, los Red’s adoptan una ofensiva de casi 70 millones
de euros. Es mucho, tal vez, pero nada es suficiente cuando el United, el
Chelsea y el Manchester City rompen la billetera año tras año.
Anfield no es lo mismo de
antes. Seguirá siendo imponente, pero sabe que las presentaciones de las
grandes estrellas son escasas. Es más, ya ni siquiera pueden retener a sus
figuras. Y no hablo solamente del “pistolero” Luis Suarez, sino también de Xabi
Alonso o Javier Mascherano. Y si deseamos ir más atrás como olvidar al enjuto
Steve Mc Manaman.
Bueno, todo está dicho y nada
se ha escrito todavía. La apuesta Balotelli fue un fiasco desde todo punto de
vista y jugársela por Benteke es lo más cuerdo que pudieron haber hecho. Sé que
los millones pesan demasiado, pero entre tanto vaivén siempre es agradable ver
una compra con criterio y sin exageraciones.
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