Un guerrero balcánico en un
imperio romano. Interesante combinación o circunstancia. Como que estos
antiguos delanteros, que más parecen faros, se vuelven a poner de moda y son
requeridos por los poderosos del balompié europeo. Edin Dzeko es el último en
aparecer. Goleador de choque que hace de los goles simples su degustación. Lo
bueno para él es que todas las anotaciones valen lo mismo.
Hizo lo suyo en el
Manchester City, aunque los últimos años ya no era el mismo. Llevó de la mano a
Bosnia a su primer mundial y cuando se avizoraban nuevos aires, termino permaneciendo
en la Premier y comiéndose la suplencia con hidalguía. Su presente se dibuja de
una manera distinta. La Roma, aquel equipo que lucha y que no le alcanza,
vuelve a plantar cara pensando que los refuerzos por fin le permitirá derrocar
a la Juve y a la vez no hacer papelones a nivel europeo. Porque lo sucedido
frente al Bayern no se olvida y al parecer la presencia de Seydou Doumbia no es
suficiente para garantizar los goles, así que Rudi Garcia tuvo que apelar a la
billetera y sacarle a Mohamed Salah al Chelsea y al delantero bosnio al City. De
más está decir que ambos no tenían posibilidades en sus clubes de origen.
Entonces, reciclar es bueno,
siempre y cuando la segunda mano traiga calidad entre sus prendas. Bueno, a
estas alturas, con el mercado tal y como esta, es importante reunir
interesantes elementos de cara a un torneo con un mandamás y con subordinados
que apuestan por la informalidad y no por el orden.
Edin Dzeko ha costado 20
millones de euros. Veinte millones que implican muchas obligaciones y
resultados, porque sin triunfos las cantidades pesan y sin fondos los trofeos
se alejan. Keita, Nainggolan, Gervinho, Pjanic, Salah, y ahora, Dzeko. Calidad a
borbotones, pero los resultados, como siempre, serán los que al final te definirán.
Al menos en el fútbol es así.
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