De un lado a otro, sin rumbo
y sin destino. Los años le transcurren pensando que tal vez hay una nueva
posibilidad. Es cierto que la esperanza nunca debe perderse, sin embargo, bien
sabido es que una digna estancia hace que te valoren y que no seas uno más del
montón. Kostas Mitroglou vuelve a cambiar de aires sin darse cuenta que, por
ahora, es más un poliglota que una estrella del fútbol.
Primero el Olympiakos,
después el Panionos, más tarde el Atromitos, de nuevo en el Pireo y, al fin,
una oportunidad en el exterior. El Fulham fue su valedero, y precisamente, ese
padrino lo cede hoy al Benfica. Disculpen, me olvidaba que también se formó en
el Duisburgo y Borussia Moenchengladbach.
Sus vaivenes han hecho que
se pierda para el ojeador internacional, aunque debemos mencionar que su
llegada a Lisboa levanta en algo su alicaída fama. De todas formas su carrera
no dibuja lo esperado, es más, algunos dedos acusadores señalan su
irregularidad como su principal obstáculo al momento de ser considerado uno de
los atacantes intratables del viejo continente.
El Benfica lo acoge y
Mitroglou sabe que llenar el vacío de Rodrigo Lima no será sencillo. La valla
es complicada y su experiencia será vital en este nuevo rumbo. Nuevo rumbo que
lo aleja cada vez más de su estrellato, aunque quién sabe, tal vez, y lo
repito, tal vez, sea la hora del greco artillero, que conoce sus funciones,
pero al parecer desconoce los caminos.
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