Sin ofensas aunque si con
realidades. Empiezo mi narrativa con una verdad inminente, nada tiene sentido
si no hay un puñado de monedas en medio. La historia que ha protagonizado Maxi
Pereira es muy curiosa, sobre todo porque pese a su identificación con el
Benfica, no dudó ni un ápice cuando una buena oferta llegó, sin sonrojarse aun
sabiendo que las tentativas venían del acérrimo rival.
Y la historia dirá que
aterrizó en el Dragao, con la peculiaridad de haber jugado durante 8 años en el
archienemigo. Maxi Pereira ha fichado por el Porto, no dudando en ningún
momento. ¿Esta actitud es de un profesional?
Si lo vemos desde el punto
de vista laboral podemos decir que sí. Acaso tenía contrato con el Benfica, no.
Es decir, el uruguayo culminó su vínculo con el cuadro lisboeta y se inclinó
por la oferta más conveniente para él. Entonces, porque rasgarse las vestiduras
ante un comportamiento normal. Pues en el fútbol hay códigos de conducta que no
se pueden traspasar. Por ejemplo, es inadmisible que una referencia del Peñarol
se marché al Nacional. Lo mismo ha sucedido ahora, Maxi rompió las
negociaciones que tenía con Benfica para su renovación y prefirió vestirse de
blanquiazul con todo lo que esto significa.
En un mundo de injustos la
lógica señala que solo el todopoderoso tiene siempre la razón. Y por ende, en
un mundo materialista e interesado solo el dinero puede reinar, sin saber que
la perdición sobrevive cuando la riqueza desmedida nubla. No hay duda, el mono
sigue bailando con la plata.

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