jueves, 17 de septiembre de 2015

El león portuario



Alejado de los flashes y sin el peso de ser el sucesor de alguien. Vincent Aboubakar (Porto) vive sosegadamente en Portugal, aunque hay algo que él sabe muy bien, y es que no puede negarse a ser un abanderado de la selección camerunesa y un revulsivo para Julen Lopetegui cada vez que este lo requiera.

Potente y de fama incipiente. Casi un desconocido, pero con las cualidades que todo jugador africano expone. Vincent Aboubakar no es un ignorante en esto del fútbol, lleva la escuela francesa en las venas y ahora hace su bachillerato en la liga portuguesa. Aún no descolló, y nadie espera que lo haga, sin embargo, es un atacante que puede definir un partido y ser el héroe anónimo que no sale en las portadas. Es notorio también que las cámaras no se fijan en demasía en él, eso es normal teniendo a Iker Casillas como compañero y al “italiano” Pablo Osvaldo como el delantero estrella del equipo. Sin olvidarnos por supuesto del argelino Yacine Brahimi y del mexicano Jesús Corona, otros atacantes que hacen mucho daño si se lo proponen.


Pero lo cierto es que este león camerunés está en proceso de evolución. Con tan solo 23 años, aunque parece de más como muchos africanos, se ha nutrido rápida y convenientemente en el Valenciennes y el Lorient, antes de firmar por los dragones en el 2014. Ha sido internacional con su selección y es uno de los llamados a colaborar en la sucesión de Samuel Eto’o. Aunque en esta última labor no está solo puesto que también se dibujan los nombres de Clinton N’Jie del Olympique Lyon y Benjamín Moukandjo del Stade Reims. Aparte de ellos hay que pensar también en el irregular Eric Choupo – Moting, jugador que ha demostrado su valía en el Schalke 04, pero no así en su selección.


Aboubakar no es una lumbrera y tampoco el salvador esperado. Está en el Porto y sus antecedentes hablan muy bien de él. Sabe que ocupar la plaza de Eto’o no será fácil, y que hacerse de la titularidad en Portugal requiere de mucho esfuerzo, sin embargo, a su favor tiene la juventud que ostenta y el potencial que se le conoce. Ya no es un cachorro y se encuentra en la edad en que tiene que demostrar su valía. Todo depende de él. 

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