domingo, 3 de abril de 2016

Un mal inicio no siempre tiene un mal final



Suecia es una nación que anima siempre. No sé si es porque sus colores son similares al de los brasileños o porque sus jugadores de alguna u otra forma terminan jugando en las principales ligas europeas. En el Mundial de 1990 Suecia no ataba ni desataba. En la Euro 92 sucedió lo mismo, pero en EEUU 94 llegó el tiempo de demostrar su valía y sus verdaderos dotes.

Por dónde empiezo. Realmente es tan difícil hablar de un conjunto que fue creciendo con el tiempo y que llegó a su plena madurez en el mundial norteamericano. Thomas Ravelli era el arquero tanto al comienzo como al final. No era tan loco como lo fue al final de su carrera, aunque terminó siéndole fiel a su IFK Goteborg. Después se marchó a la MLS, pero esa es otra historia que en este momento no me apetece contar. Qué puedo decir, el equipo se veía bien, con jugadores en el exterior y con presencia mundialista. Pero de todas maneras algo faltaba. Por ejemplo, Stefan Schwarz aparecía como lateral izquierdo. Para muchos tal vez suene raro porque el recuerdo que se tiene del ex jugador del Valencia es en la volante realizando una función mixta. Ahora, tampoco era un novato en los noventa puesto que ya tenía un breve paso por el Bayer Leverkusen.


Ya vamos un párrafo y recién estamos en dos jugadores. En Italia 90 no se pasó de la primera fase, es decir, se tuvo que ceder este puesto a la Costa Rica de Luis Gabelo Conejo. Fracaso rotundo para Suecia que llegaba con un equipo que presumía de tener un mediocampista envidiada. Recordemos, estaban Glenn Stromberg, un veterano en esos momentos que jugaba en el Atalanta. Anders Limpar, un volante muy  técnico que paseo su calidad por el Cremonese, Arsenal y Everton. Y completamos esta lista con Jonas Thern, el ducho número cinco que hizo lo suyo en el Benfica, Napoli, Roma, y Rangers. Entonces, hablamos de tres jugadores con trayectoria que sin embargo no pudieron hacer nada para evitar la eliminación del mundial italiano. Perdón, me olvidaba del finado Klas Ingesson, un batallador centrocampista que militó en el PSV Eindhoven y Olympique de Marsella. En resumen, Thern distribuía el esférico, Ingesson presionaba y se adelantaba como apoyo para la delantera, mientras que Limpar le daba el toque de estética al equipo.


En la ofensiva creo que todos se recuerdan de Thomas Brolin, un mediapunta de aquellos, como dirían los que saben. Pero no caigamos en palabrería y definamos al ahora jugador de póker. Brolin fue el niño prodigio del fútbol sueco, un jugador que se caracterizaba por su calidad técnica y su capacidad para estar siempre en el lugar más indicado. En el 90 por detrás de Mats Magnusson y en el 94 como interior derecho. El ex jugador del Parma tuvo la oportunidad de disfrutar de un tanque como lo era Magnusson, y después se lo vio más sacrificado en beneficio de Kenneth Andersson, Henrik Larsson y Martín Dahlin.


Del 90 al 94 pasaron muchísimas cosas. La desintegración de la Unión Soviética, la guerra del Golfo y la guerra civil que desencadenó en el desmembramiento de la antigua Yugoslavia. En el fútbol Alemania conseguía su tercera Copa del Mundo, Dinamarca se imponía sorpresivamente en la Euro 1992, y el Olympique de Marsella conquistaba su primera Copa de Europa. Son tantos hechos y ha pasado tanto tiempo. Suecia creció tremendamente. Realizó un papel decoroso en su Eurocopa y fue tercer lugar en EEUU 94, y de paso, hizo que el mundo se fije nuevamente en ellos. Es un gusto recordar y un placer volver a observar. Hubo derrotas y triunfos, pero entre locos y guerreros existió un cuadro sueco que hizo temblar a muchos y que hizo sufrir a otros tantos. 

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