Suecia es una nación
que anima siempre. No sé si es porque sus colores son similares al de los
brasileños o porque sus jugadores de alguna u otra forma terminan jugando en
las principales ligas europeas. En el Mundial de 1990 Suecia no ataba ni
desataba. En la Euro 92 sucedió lo mismo, pero en EEUU 94 llegó el tiempo de
demostrar su valía y sus verdaderos dotes.
Por dónde empiezo.
Realmente es tan difícil hablar de un conjunto que fue creciendo con el tiempo
y que llegó a su plena madurez en el mundial norteamericano. Thomas Ravelli era
el arquero tanto al comienzo como al final. No era tan loco como lo fue al
final de su carrera, aunque terminó siéndole fiel a su IFK Goteborg. Después se
marchó a la MLS, pero esa es otra historia que en este momento no me apetece
contar. Qué puedo decir, el equipo se veía bien, con jugadores en el exterior y
con presencia mundialista. Pero de todas maneras algo faltaba. Por ejemplo,
Stefan Schwarz aparecía como lateral izquierdo. Para muchos tal vez suene raro
porque el recuerdo que se tiene del ex jugador del Valencia es en la volante
realizando una función mixta. Ahora, tampoco era un novato en los noventa puesto
que ya tenía un breve paso por el Bayer Leverkusen.
Ya vamos un párrafo y
recién estamos en dos jugadores. En Italia 90 no se pasó de la primera fase, es
decir, se tuvo que ceder este puesto a la Costa Rica de Luis Gabelo Conejo.
Fracaso rotundo para Suecia que llegaba con un equipo que presumía de tener un
mediocampista envidiada. Recordemos, estaban Glenn Stromberg, un veterano en
esos momentos que jugaba en el Atalanta. Anders Limpar, un volante muy técnico que paseo su calidad por el
Cremonese, Arsenal y Everton. Y completamos esta lista con Jonas Thern, el
ducho número cinco que hizo lo suyo en el Benfica, Napoli, Roma, y Rangers.
Entonces, hablamos de tres jugadores con trayectoria que sin embargo no
pudieron hacer nada para evitar la eliminación del mundial italiano. Perdón, me
olvidaba del finado Klas Ingesson, un batallador centrocampista que militó en
el PSV Eindhoven y Olympique de Marsella. En resumen, Thern distribuía el
esférico, Ingesson presionaba y se adelantaba como apoyo para la delantera,
mientras que Limpar le daba el toque de estética al equipo.
En la ofensiva creo
que todos se recuerdan de Thomas Brolin, un mediapunta de aquellos, como dirían
los que saben. Pero no caigamos en palabrería y definamos al ahora jugador de
póker. Brolin fue el niño prodigio del fútbol sueco, un jugador que se
caracterizaba por su calidad técnica y su capacidad para estar siempre en el
lugar más indicado. En el 90 por detrás de Mats Magnusson y en el 94 como
interior derecho. El ex jugador del Parma tuvo la oportunidad de disfrutar de
un tanque como lo era Magnusson, y después se lo vio más sacrificado en
beneficio de Kenneth Andersson, Henrik Larsson y Martín Dahlin.
Del 90 al 94 pasaron
muchísimas cosas. La desintegración de la Unión Soviética, la guerra del Golfo
y la guerra civil que desencadenó en el desmembramiento de la antigua
Yugoslavia. En el fútbol Alemania conseguía su tercera Copa del Mundo,
Dinamarca se imponía sorpresivamente en la Euro 1992, y el Olympique de
Marsella conquistaba su primera Copa de Europa. Son tantos hechos y ha pasado
tanto tiempo. Suecia creció tremendamente. Realizó un papel decoroso en su
Eurocopa y fue tercer lugar en EEUU 94, y de paso, hizo que el mundo se fije
nuevamente en ellos. Es un gusto recordar y un placer volver a observar. Hubo
derrotas y triunfos, pero entre locos y guerreros existió un cuadro sueco que
hizo temblar a muchos y que hizo sufrir a otros tantos.
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