Conteniendo las lágrimas y guardándolas
para
la intimidad. Porque fueron
mucho 5 minutos
y fue demasiado
el 4 a 1. Porque
si hay merecimientos
el Atlético debería
estar celebrando y
no maldiciendo. Porque hoy
puedo decir que
el fútbol es
excesivamente injusto.
Y no
recordaré las corridas
zigzagueantes de Di
María, ni los fallidos
intentos de Bale. Ni
tampoco diré que
Casillas todavía no
sabe salir o
que Cristiano Ronaldo
sigue tan posero
como siempre.
Hoy se
levanta la décima, correcto, pero del
campeón no me
acordaré y cada
vez que me
pregunten diré que
Courtais es uno
de los mejores
que he visto. Que Juan
Fran, sin el físico
de un futbolista, luchaba hasta
que la pierna
izquierda no le
respondiera. Que Godín goleaba
y que siempre
llegaba a donde
nadie lo hacía. Que Miranda
es seleccionable, pero que
no irá al
Mundial.
Que Filipe
iba e iba
y nunca se
cansaba. Que Gabi la
acariciaba y al
mismo tiempo rompía. Que Thiago
luchaba y luchaba. Que Koke
es tan bueno
que hasta el
Barcelona lo quiere. Que Villa
era goleador y
aprendió a ser
gladiador. Y que Diego
Costa a pesar
de no poder
siempre deseaba jugar.
“Esta derrota
no merece una
lágrima”, lo dice Simeone. Ni una
lágrima porque aquellas
son de los
sufridos que en
las gradas se
sienten más orgullosos
de ser hinchas
colchoneros. Porque puedes tenerlo
todo y no
tenerlo nada. Porque el
fútbol tan hermoso
como es hoy
mostró su faceta
más despiadada. Porque hoy
entendí que el
fútbol es demasiado
injusto. Porque hoy supe
que 5 minutos
fueron mucho para
un partido que
debió tener otro
ganador.
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