Eso nos
enseñaron, que todos podemos
llegar. Porque no se
trata de errores
y virtudes, se trata
de saber aprovechar
y sobreponerse a
las adversidades. De aceptar
lo que uno
es y no pensar en
lo que se
puede ser.
Hubo una
vez en el
reino sudamericano, cuando todo
era azul y oro,
un equipo desconocido
que hizo lo
que nadie pensó
que haría. Y allí
se sublevaron un
puñado de cafeteros
que no tenían
nada que perder
y sí mucho
que ganar. Un conjunto
dirigido por un
desconocido y que
de a pocos
llegó a conquistar
el trono siendo
solamente un plebeyo.
En Colombia
el fútbol se
resume en el
Nacional de Maturana
que hizo historia
y un América
de Cali a
quien la historia
lo hizo historia. Y
el primero que
celebra un nuevo
torneo y el
segundo que lucha
por salir de segunda. Sin
embargo, para los más
osados y menos
apasionados el nombre
del Once Caldas
debería estar entre
ambos o tal
vez, y digo tal
vez, por encima de
estos.
Nacional era
la base de
la selección. El América
había sido 3 veces subcampeón
continental. Millonarios
tuvo un pasado
fantástico y el
Deportivo Cali lo
intento en dos
ocasiones pero el
cetro se le negó por
muy poco. Nadie daba
un centavo por el
Once Caldas. Por más
que un Juan
Carlos Henao en
algún momento parecía
imbatible. Por más que un
Catano anticipaba y
daba la impresión
que nunca se equivocaba. Por más
que un Elkin
Soto corría y
corría desafiando al
cansancio y ganando
por rendición.
Y qué decir de Arnulfo Valentierra
y su toque
mágico y a
veces anticuado. Y de
Dayron Moreno y
su verticalidad egoísta pero
letal. Y qué habrá
pensado John Viafara
cuando el balón
viajaba y dejaba
en ridículo a
Roberto Abbondanzieri.
Porque hay
equipos que se
construyen de
la nada y
otros que se
sustentan en sus
ancestros. El Once de
Luis Fernando Montoya (2004) no será
recordado por ser el más
espectacular, pero dentro de ese 4 – 4 – 2 con
un Herly Alcazar
como única punta hacía de
su fútbol humilde
algo verdaderamente incontenible. Porque los
pobres también tienen
derecho al triunfo
aunque después los
grandes impiden que
estos se recuerden.
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