Lo que le dejó a Guardiola la eliminación de la Champions

Es mucho lo que se ha dicho y todo ha sido en contra de él. Pep Guardiola vive uno de sus momentos más difíciles tras quedar el Manchester City eliminado de la Champions League. Lo peor es que hasta desde Barcelona han disfrutado con la caída del estratega español.

Un galés que no es Bale, pero que también tiene mucho que decir

La selección galesa tiene un referente y ese es Gareth Bale, sin embargo, hay otros pilares donde descansa el éxito de un equipo que dejó una grata impresión en la Euro 2016. Ashley Williams es el capitán y una de las columnas de un combinado que aspira a llegar a un Mundial después de 60 años.

Kasper Dolgberg se le está escapando al Barcelona

El delantero Kasper Dolgberg tiene varias propuestas y puesto que el Barcelona no se decide a ficharle su destino puede estar lejos del balompié español. El Ajax, dueño de la ficha del internacional danés, le ha avisado al Barca cuál es la situación actual del ex jugador del Silkeborg.

Los grandes fracasos de la liga china

Tanto dinero invertido también generará en algún momento tanto dinero perdido. La liga china vive unos altibajos que hacen pensar el por qué se paga demasiado a jugadores que no han rendido como se esperaba.

Branislav Ivanovic y su renacer en el Zenit

Verle sin la camiseta del Chelsea parecía una utopía, sin embargo, tras varios meses sin ver la titularidad absoluta el serbio Branislav Ivanovic decidió marcharse al Zenit de San Petersburgo, y de esta forma buscar un nuevo reto en el ocaso de su vida futbolística.

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sábado, 31 de mayo de 2014

Todos podemos llegar



Eso  nos  enseñaron, que  todos  podemos  llegar. Porque  no  se  trata  de  errores  y  virtudes, se  trata  de  saber  aprovechar  y  sobreponerse  a  las  adversidades. De  aceptar  lo  que  uno  es  y  no  pensar  en  lo  que  se  puede  ser.

Hubo  una  vez  en  el  reino  sudamericano, cuando  todo  era  azul  y  oro, un  equipo  desconocido  que  hizo  lo  que  nadie  pensó  que  haría. Y  allí  se  sublevaron  un  puñado  de  cafeteros  que  no  tenían  nada  que  perder  y  sí  mucho  que  ganar. Un  conjunto  dirigido  por  un  desconocido  y  que  de  a  pocos  llegó  a  conquistar  el  trono  siendo  solamente  un  plebeyo.

En  Colombia  el  fútbol  se  resume  en  el  Nacional  de  Maturana  que  hizo  historia  y  un  América  de  Cali  a  quien  la  historia  lo  hizo  historia. Y  el  primero  que  celebra  un  nuevo  torneo  y  el  segundo  que  lucha  por  salir de  segunda. Sin  embargo, para  los  más  osados  y  menos  apasionados  el  nombre  del  Once  Caldas  debería  estar  entre  ambos  o  tal  vez, y  digo  tal   vez, por  encima  de  estos.

Nacional  era  la  base  de  la  selección. El  América  había  sido  3  veces  subcampeón  continental. Millonarios  tuvo  un  pasado  fantástico  y  el  Deportivo  Cali  lo  intento  en  dos  ocasiones  pero  el  cetro  se  le  negó  por  muy  poco. Nadie  daba  un centavo  por  el  Once  Caldas. Por  más  que  un  Juan  Carlos  Henao  en  algún  momento  parecía  imbatible. Por  más  que  un Catano  anticipaba  y  daba  la  impresión  que  nunca  se equivocaba. Por  más  que  un  Elkin  Soto  corría  y  corría  desafiando  al  cansancio  y  ganando  por  rendición.
Y  qué  decir  de  Arnulfo  Valentierra  y  su  toque  mágico  y  a  veces  anticuado. Y  de  Dayron  Moreno  y  su  verticalidad  egoísta  pero  letal. Y  qué  habrá  pensado  John  Viafara  cuando  el  balón  viajaba  y  dejaba  en  ridículo  a  Roberto  Abbondanzieri.


Porque  hay  equipos  que  se  construyen   de  la  nada  y  otros  que  se  sustentan  en  sus  ancestros. El  Once  de  Luis  Fernando  Montoya (2004) no  será  recordado  por  ser  el  más  espectacular, pero  dentro  de  ese  4 – 4 – 2 con  un  Herly  Alcazar  como  única  punta  hacía  de  su  fútbol  humilde  algo  verdaderamente  incontenible. Porque  los  pobres  también  tienen  derecho  al  triunfo  aunque  después  los  grandes  impiden  que  estos  se  recuerden.

domingo, 6 de octubre de 2013

La Copa que nunca se termina



Revisando  viejos  manuscritos  he  concluido  por  enamorarme  de  un  añejo   torneo. Una verdadera  cuna  futbolística  capaz  de  atraer  a  millones  y  seguir  como  al  principio, con  esas  batallas  que  hacen  de  este  deporte  un  discurrir  de  llanto  alegre  y  a  la  vez  compungido.

Una  Copa  donde  Cafú  hizo  su  aparición  con  un  bicampeonato. Donde  un  tal  Elías  Figueroa  se  lució, pero que  jamás  alcanzó a  tocarla. Un  torneo  que  a  veces  se  definió  en  campo  neutral, y  que  supo  cobijar  al  genial  Ricardo  Enrique  Bochini  y  aquel  Independiente  que  debió  conservar  el  trofeo. Un  campeonato  que  tuvo  entre  sus  preferidos  al  Peñarol  de  Pedro  Virgilio  Rocha  y  de  Alberto  Spencer. Una  Copa  que  se  negó  a  algunos  y  se  entregó  a  otros. Que  vivió  con  los  poderosos  y  también  con  los  humildes.

Una  Copa que  grito  goles  agónicos.  Que  supo  de  hazañas  ecuatorianas  y  de  malcriadeces  estudiantiles. Que  conoció  a  Ladislao  Mazurkievics  y  se  casó  con  Ricardo  Elbio  Pavoni. Que  abrigó  las  locuras  de  un  Gatti  y  cumplió  los  sueños  de  un  Maturana. Que  cacheteo  al  pueblo  americanista  y  que  también  fue  justo  con  un  alicaído Tele  Santana.  Que  tuvo  al  finado  Escobar  en  sus  campos, y  se  abrazó  con  un  Diego  Aguirre en  los  descuentos. Que  alardeo  con  un  Chilavert  y  jugueteo  con  un  Riquelme  que  hizo  lo  que  quiso.




La  Copa  se  mira  y  no  se  toca. No  hay  campos  que  parecen  alfombras, no  hay  colosos  que  parecen  de  ensueño. En  tierras  americanas  los  Libertadores  plantaron  cara, hicieron  lo  suyo, y  dejaron  un  legado  que  hoy, año  tras  año, es  añorado  y  vitoreado  por  aquellos  cuya  sangre  es  derramada  al  querer  alcanzarla.  

miércoles, 3 de abril de 2013

Los jets colombianos





El  toque  es  bueno  pero  el  resultado  es  mejor. Colombia  es  la  gran  atracción  de  las  eliminatorias. Su  reputación  no  ha  sido mellada  pese a  caer  en  Venezuela, tampoco  le  ensombrece  el  buen  andar  argentino. Los  cafeteros  saben  de  su  potencial  y  pueden  presumir  de  algo  que  les  falta  a  los demás, laterales  de  nivel.

Zapata, Yepes, Perea, James  o  Falcao. Son  tantos  y  muy  buenos. Todos  los  puestos  bien  cubiertos  y  cuando  hay  que  abrir  el  campo  y  volar  por  las  bandas  allí  se  presentan  los  napolitanos  Camilo  Zúñiga  y  Pablo  Armero.

El  buen  Camilo  es  un  producto  del  Atlético  Nacional  y  un  descubrimiento  del  Siena. Claro  está  que  pasó  por  algunos  problemas  debido  al  incumplimiento  de  pago  por  parte  del  conjunto  toscano, pero  después  pudo  jugar  y  despertar  el  interés  del  Napoli  que  lo  incorporó  en  el  2009.



Armero  ha  evolucionado  de  una  manera  más  compleja. No  dio  el  salto  intempestivo a  Europa, pero  sorprendió  cuando  el  Palmeiras  lo  adquirió  procedente  del  América  de  Cali. Qué  raro, se  dice  que  los  mejores  laterales  salen  del  balompié  brasileño. Dos  años  en  el  verdao  para  que  el  Udinese  se  haga  con  su  ficha. Llego  el  2013  y  el  Napoli  nuevamente  se  hizo  con  un  jugador  colocho  que  ya  había  demostrado  su  sapiencia  con  creces.


Aeroplanos  que  garantizan  un  vuelo constante. Jets  que  bombardean  por  los  andariveles. Camilo  y  Pablo, Zúñiga  y  Armero. Atentos  todos, aires  de  buen  café  aromatizan  el  Calcio  y  nutren  la  esperanza  norteña. Buen  provecho  señor  Pekerman.