Las esperanzas
subsisten cuando hay
argumentos. Un gol en
los descuentos y
no se habla
de heroísmos. Portugal al
borde del precipicio
y Cristiano Ronaldo
tal parece que
dejó todo en
la final de
Lisboa.
El gesto
adusto. El descontento o tal
vez solo una
pose a sabiendas
que miles de cámaras
se ciñen sobre
él. No hay duda
que Alemania y
Estados Unidos son
conjuntos mejores trabajados
que el portugués, y ni
la fama, ni las
pequeñas estrellitas pueden
hacer nada cuando
los automatismos están
en la vereda
del frente y
no en nuestro
camino.
Cuando figuras
rutilantes como Messi
o Ronaldo atraen
todas las miradas, esos
diminutos errores que
producen una grieta
en el colectivo
terminan por soslayarse. Portugal ha
dejado en claro
en estos dos
partidos que ante
verdaderos equipos, y
sin la mejor
versión de sus
legionarios, es imposible
tentar siquiera el
pase a los
octavos de final
del Mundial. Algunos dicen
que ha sido
la mala suerte
de encajar en
un grupo tan
duro. Bueno, no todos tienen
la fortuna de
los argentinos o
tal vez la dirigencia
lusa no tiene
los tentáculos suficientemente extensos.
Portugal sigue
careciendo de un
centrodelantero de nivel. El último
reconocido, sin ser una
lumbrera, fue Pauleta. Hoy nombramos
a Varela como una
opción de recambio. A
Hugo Almeida (Besiktas) como
referencia para el juego aéreo
y
a Helder Postiga (Lazio) como una
posibilidad que Paulo
Bento no considera
fiable. Ojo, no olvidemos
que el jugador
del Porto no
es tampoco un
hombre de área.
La organización
recae en Joao
Moutinho (Mónaco), sin ser este un Rui Costa. No existe otro
jugador que puede
tomar la batuta
e intentar alimentar
a los extremos
o a los
atacantes. Un equipo sin
las armas necesarias. Una oncena
donde Raúl Meirelles
está en el
ocaso de su
carrera y Nani
ve como la
inactividad en el
Manchester United le
ha pasado factura.
Las razones
se presentan con
claridad y los rivales desnudan
la verdad. Portugal no
ha llegado con las
cualidades o variantes
suficientes para clasificar. Un jugador
no es un
equipo y Ronaldo
lo ha terminado por entender. Un jugador no
gana solo y eso es
algo que nuestro
fanatismo desmedido no
acaba de comprender.
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