Todos tenemos
un momento en
que la suerte
nos acompaña. Hoy Argentina no
pudo con Suiza, y a
pesar del triunfo, diré
que para los
que creemos en
la lógica los
albicelestes agotaron sus milagros y
lo que venga de
aquí en adelante tendrá
que afrontarlo con
sus virtudes.
Porque Argentina
siente tanta envidia
de Brasil que
hasta en los
triunfos se acuerdan
de ellos. Y que
hoy en lugar
de hablar de
una definición magistral
de Di María
o de una
atajada providencial de
Romero, tenemos que mencionar
que un madero
ha permitido que
los mejores del
mundo no lleguen
hasta los lanzamientos
penales.
Se dio
la lógica, es cierto, pero
también hay que
ser sinceros y
decir que Suiza
con lo poco
que tiene hizo
lo que pudo
y hasta debió
haberlo ganado sino
era por lo errático
o
inexperto que se
mostró Drmic. Porque no
podemos tapar el
sol con un
dedo y negar
que Zabaleta debe
agradecerle a un
Kompany que no
se vea tan
avergonzado en el
Manchester City. Porque hoy
Mehmedi y Shaqiri
demostraron que aquellos
Passarella, Ruggeri o Ayala
no pueden ser
comparados con los
Federico Fernández o
Marcos Rojo.
Porque hoy
Argentina tiene a
Messi y nada más. Porque hoy
Argentina debe pensar
en que Holanda, Alemania y
hasta Francia muestran
algo más y
que ya se
han cuajado en batallas contra
rivales de peso y no
en un grupo
que solo hicieron
comparsa a una
selección que debe
llegar a la final
con Brasil porque
así la FIFA
lo desea.
Estos octavos
me demostraron que no debería
haber una final sudamericana
y que por
fin Brasil pague
por la injusticia
contra Barbosa y
tantos otros. Porque Argentina
tiene que pensar
en la humildad
antes de creerse
en lo que
no son. Porque el
mandamás puede querer
algo, pero siempre existirá
la divina justicia
para degollar los
intereses dirigenciales. Y lo
dice alguien que
sigue el agnosticismo.
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