Dos generaciones
que se encuentran
en octavos. Dos ex
que reunían goles
y liderazgo. Dos ex
que hacían lo
suyo y que
tuvieron diferentes comparsas. Hoy no
es solo el
duelo entre belgas
y norteamericanos, hoy es
la disputa entre
Klinsmman y Wilmots.
Uno vivía
en el área
y el otro
convivía en ella de vez
en cuando. Marc Wilmots
sabe que está
a cargo de
la mejor camada
de jugadores belgas
de los últimos
10 años. Sabe que
mucho depende del
cambio de ritmo
que debe ejercer
De Bruyne (Wolfsburg) y
de la regularidad, ausente hasta
ahora, que tiene
que aportar Eden
Hazard (Chelsea). En el caso
de Jürgen, él apuesta
por la solidez
de su equipo. Por la
homogeneidad de un
conjunto que se
nutre de la experiencia de
un DaMarcus Beasley, ya
instalado como lateral, y
del inacabable Clint
Dempsey, que en las postrimerías
de
su carrera está
jugando como un
falso centrodelantero. Hay que
resaltar también el
progreso notorio que
ha expresado la
liga norteamericana, no por
algo, pese a que hay
muchos legionarios en
la nacional, casi el
50% de los
titulares juegan en
la liga local. A ellos
hay que sumarle
la jerarquía de
Jermaine Jones (Besiktas) y la buena
imagen dejada por Fabián Johnson (Borussia Moenchengladbach).
Bélgica ha
corroborado que no
tiene laterales ofensivos. Que pese
a la discreta
temporada de Fellaini
en el Manchester
United su presencia
es preponderante en
el mediocampo rojo. Y que
Christian Benteke (Aston
Villa) no ha
podido ser sustituido
cabalmente ni por Lukaku
(Everton), ni por Origi (Lille).
Duelo interesante
donde individualmente Bélgica
saca alguna ventaja
y donde Estados
Unidos muestra un
colectivo superior. Uno es
la sensación europea, el
otro es ya
un clásico de los mundiales. Y desde
el banco, uno desde la
mediapunta goleaba y
el otro hacía
del área su
parque de diversiones.
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