Tenía 18 años
y pensaba que
ahora sí se
podía dar. Contábamos con un
equipo equilibrado, con falencias
y con limitaciones, pero sabiéndose humilde
y aceptando esa
realidad. Había que definir en
Santiago contra Chile
y sucedió lo
que solía suceder, presión, agresión, y goleada.
Parecía que terminaría
mejor. El Nacional era
un horno. No se
escuchó el himno
peruano, y para variar, el
ambiente se relacionaba
con la famosa
y estúpida guerra
del Pacifico. Iván Zamorano
estaba en la
banca. Juan Carlos Oblitas
se decantaba por
German Carty y
Flavio Maestri en
la ofensiva. Mientras que Rodrigo Barrera
buscaba el protagonismo
que siempre se
le había negado.
El local comenzó
con sus armas
de siempre. Francisco Rojas
subiendo constantemente,
Clarence Acuña cortando
todo lo que
pasaba por su
zona y Cornejo
con Castañeda tratando
de apoyar al criterioso José
Luis Sierra, el nexo
con Marcelo Salas
y Rodrigo Barrera. Nelson Tapia
y la suerte
que todo arquero
debe tener, porque después
del primer gol
Maestri debió empatar
el juego, sin embargo, el
poste derecho del
guardameta chileno, en dos
ocasiones, evito que el
delantero del Hércules
marcará la paridad.
Lo de Perú
era conocido. Flavio debía pivotear
los saques largos de
Balerio, pero no pudo
hacerlo ya que
Pedro Reyes estuvo
infranqueable. Juan Jayo pegaba
y pegaba, hasta que
llego la tarjeta
roja en la
segunda etapa dejando
a la bicolor
en inferioridad numérica y
con dos goles
por debajo en
el tanteador. Es verdad
que la primera
mitad concluyo con
un Perú más
entero. Jorge Soto y
Norberto Solano copaban
la banda derecha
y José Pereda, aunque huérfano, aparecía sobre
la izquierda. Es allí
donde Nelson Acosta
mueve el banco
y refuerza el
equipo con el
ingreso de Nelson
Parraguez, que combinado a
los errores de
Julio Cesar Balerio
en las salidas sepultaron
totalmente las esperanzas
incas.
El resto fue solo
un ataque lisiado
y desesperado del
visitante. Chile cambió desde
el banco un
partido luchado, movió al “murci” Rojas
a la izquierda
liberando más al “coto” Sierra. Cornejo blindo
su zona como
lateral diestro, y después
aprovecharon los fallos
garrafales de una
defensa peruana que
perdió totalmente la
compostura. Cuatro a
cero y la
roja a Francia
98. Pero no nos
equivoquemos, porque a Perú
no se le
escapó la clasificación
en Santiago sino
en Lima en
ese famoso y
triste empate ante
Ecuador.
Miedo escénico, tal vez, situación apremiante, seguramente. Era 1997 y con tan solo 18 años pensaba que esta vez se daría. No fue así, y ahora que lo miro en un video pienso que no estaba para nosotros. Era 1997, la dictadura se imponía, mi abuela materna ya no me acompañaba, y aquella noche junto a mi padre fui testigo, una vez más, de cómo mi país quedaba afuera de un Mundial. Lo que se hace costumbre no necesariamente es eterno.
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