Retorica en
mano y versatilidad
para responder. Algunos o
todos lo llaman
loco, pero lo cierto
es que Marcelo
Bielsa finge estar
díscolo, puesto que con
cada una de
sus respuestas demuestra que
los desquiciados somos
otros.
Cae y
se levanta. Siempre fiel a esa
filosofía tan admirada
y algunas veces
repudiada. Siguió un proceso
y cuando debía
graduarse el agotamiento
hizo que terminará
como el último
de la clase. Y
después tomó un
humilde y lo
llevó adonde menos
lo esperaban, sin embargo, un
tigre y un
faraón lo devolvieron
nuevamente con las
manos vacías. Así como
en el Morumbi
o en Corea – Japón, Bielsa sigue
con su trabajo y
pese a que
sus primeros días
en Marsella no
fueron agradables se
da maña para
asolapar la carencia
de Mathieu Valbuena
y hacer de Gignac un
delantero apetecible para
la Premier.
Aquí su
historia de kiosquero:
“A mí me
gustaba mucho leer
a Menotti y
a Bilardo, cada uno
de los cuales
dirigió 8 años
a la selección. Como eran
12 los periódicos
que llegaban a
Rosario y yo
no podía comprar
todos para leerlos
y a los
kiosqueros, así se les
llama en la
Argentina a los
expendedores de diarios, no
les gusta mucho quedarse en
el lugar de
trabajo, yo me ofrecí
ante uno de
ellos a cuidarle
el puesto mientras
él decidiese salir
para leer todos
los diarios. A raíz de
eso conocí algunos
matices de ese
negocio y de ese
kiosco, y luego durante
años fui propietario
de un negocio
de esa rama”.
Un estudioso
que se las
arreglaba para obtener
información. Un estudioso que
hoy se camufla
y esquiva toda
pregunta comprometida con
una frase memorable. Una de
aquellas de quienes
salieron desde abajo
y tuvieron la
decencia de instruirse.
La mirada
aún está perdida
y la obesidad
aparenta ser una
compañía ineludible.
Puntero de
la liga, este kiosquero
de antaño continua
con su labor
de aprendizaje, porque hay
que ser un
sabio para alcanzar
el sótano y
volver después de
un tiempo a
la terraza.
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