Mientras el
minotauro pasea esperando
su presa, Hércules lucha
aguardando su premio. Zeus
no lo puede
creer y como
todo mito nace
en algo, sobre ese
algo se debe
iniciar. Grecia fue campeón
de Europa y
nadie acepta que
allí empezó a
cambiar el fútbol
del que hoy
tanto se habla.
Agazapado, como entregándose
a su verdugo. Tímido, como dejando
todo a la
suerte. Así se presentaban
los helenos en un ya
olvidado 2004. Eso no es fútbol
decían, es una forma
mediocre de jugar
a no ganar. Por qué no
hacen algo más que
solo abroquelarse y
hacer que el
tiempo transcurra. Por qué tanta
mezquindad.
Otto Rehhagel
sabía de sus
carencias y de
sus virtudes. Aceptó lo
que su equipo
era, es decir, un conjunto
que nada tenía
que hacer en
una Eurocopa. Un canoso Angelos
Nikopolidis, hombre de mil batallas, pero que
solo había tenido
la satisfacción local
con su querido
Olympiakos, un vapuleado Trajanos
Dellas, que más había
hecho por su
selección que por
la Roma, y un
Angelos Charisteas, de
efímera fama y
que solo algunas
apariciones en el
Werder Bremen lo
convertían en la
supuesta estrella del
equipo.
Y paramos
de contar aunque
la historia nos
juzgue con dureza. Porque los
libros hablan de
una hazaña, pero cuando
se trata de
campeones no mencionan
a los humildes. Porque ahora
todos nombran a
los Seitaridis, Karagounis o
Kapsis, y nadie confiesa
haber ninguneado al
conjunto helénico.
Porque para
defenderse también hay
que tener capacidad. Porque para
esperar también se
debe tener paciencia. Y
Grecia sabía lo
que hacía. Sacrificaba a
Charisteas y Giannakopoulos en la
persecución de los
laterales rivales. Hacía que
Basinas y Zagorakis
rompan en la
medular. Que Fyssas y
Seiteridis se desgasten
marcando y acompañando,
y que Vryzas
estuviese a la
espera de ganar
alguna dividida.
Porque el
fútbol de hoy
no se inventó
ayer sino hace
mucho. Porque el fútbol
del futuro no
se jugó antes
ni tampoco ahora. Porque dentro
de estilos no
se admiten críticas
y dentro de
ganadores no se
reciben mezquindades. Hubo una
visión alguna vez, tan
lejana y tan
temida, poco agradable y
despreciada, una visión que
desconocía favoritismos y
solo creía en
trabajo, solidaridad y corazón.
0 comentarios :
Publicar un comentario