Frágil o
inocente. Casi todos en
Europa, pero sin
ese rigor táctico
que suelen ofrecer
en sus clubes. Nigeria prefirió quedarse
con su alegría
y rechazo el
crecimiento futbolístico.
Da la
impresión que Argentina
en cualquier momento
anotará, ya sea por una
virtud o por
uno de esos
errores clamorosos de
los africanos. Cualquiera sea
la situación, lo cierto
es que Stefan
Keshi, aquel bravo defensor, no
ha podido, o no
ha querido, quitarle
la esencia a
un conjunto que
muestra una habilidad
y rapidez innata.
Hay una
columna vertebral que se destaca
desde hace algunos
años. El arquero es
el indiscutible Víctor
Enyeama, un clásico de
este conjunto que
después de varios
años exiliado en
la liga israelí
ve por fin
reconocida su trayectoria jugando
para el Lille
de Francia. Es bueno
lo de Enyeama
aunque por apariencia
da sensaciones de
mucha incertidumbre.
Joseph Yobo (Norwich City) y John Obi Mikel (Chelsea) son aquellos que aportan experiencia y sobriedad a un equipo que gusta de ir e ir y desprotegerse en la retaguardia. Porque Juwon Oshaniwa (Ashdod) no es una garantía en la zona defensiva y Efe Ambrose por la derecha trata de mostrar lo aprendido en el Celtic escoces. Por los extremos la idea es dejar que Peter Odemwingie (Stoke City) y Ahmed Musa (CSKA Moscú) se las arreglen con alguna fantasía individual. Nigeria no expone una marcación asfixiante, es como si hiciese sombra y dejará que el rival filtre un balón y marque la diferencia. Mikel quita, pero su fútbol ralentizado impide que las águilas agarren vuelo y sorprendan. Babatunde Michael (Volyn) y Emmanuel Emenike (Fenerbahce) solo esperan un pase que les permita partir con ventaja. Un pase que por momentos parece que nunca llegará.
Argentina va
ganando y Nigeria
sabe que Irán
está cayendo. Uno se
engaña y otro
se conforma. En este
mundo de dioses
y de festividades
solo la razón
te permitirá definirte. En este
mundo de ilusión
y esperanza solo
el raciocinio te
permitirá seguir o
estrellarte estrepitosamente.
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